RETO A LA MADRE NATURALEZA: LA CARRERA HACIA ALASKA 2016



Ripp Burd es un marino de Boston Massachusetts y conforma una de las mitades del equipo FreeBurd. El año pasado Tripp y su hermano Chris, se embarcaron en el viaje inaugural de Carrera a Alaska, con nuestros amigos y equipo. Este año decidimos unir fuerzas de nuevo con FreeBurd para hacer las cosas más grandes y mejores este 2016.

Escrito por Ripp Burd

Presentando motos acuáticas impulsadas únicamente por el hombre y abarcando una pista de carreras increíble de 700 millas entre Washington y Alaska, la carrera, también conocida como R2AK), ciertamente no es un simple show para presentar en tu club de regata anual. Para todos aquellos que no están familiarizados con la R2AK, es una increíble aventura para todos aquellos equipos que están preparados para vivir una aventura como ninguna otra. Cuenta con solo dos reglas: nada de motores, nada de apoyo ‘planificado’ los competidores en el evento vienen de todo el mundo con equipos de todas las formas y tamaños para competir.

Etapa 1 de la Carrera hacia Alaska, empieza en Puerto Townsend en Washington; los navegantes se aventuraron hacia Victoria, BC, desde donde se preparan para la etapa 2, en donde tienen que navegar entre dos puntos importantes: los pasajes de Seymour y Bella Bella, BC. La carrera termina en Ketchikan, AK.

En la línea de ganadores está un árbol con 10 mil dólares clavados en la cima. Apartando el dinero, la mayoría de los deportistas y competidores están listos desde el principio para enfrentarse a cualquier cosa. El año pasado, en una playa abierta, mi hermano Chris y yo sobrevivimos al reto inaugural, terminando esta odisea luego de diez desafiantes días, resurgimos cambiados y completamente adictos a esta loca aventura.

El año pasado Cris y yo quedamos de cuarto lugar en el FreeBurd, con un Arc-22 catamaran de carreras, de unos 15 años que solo reparamos con una mano de pintura. Después de competir el año pasado, inmediatamente empezamos a organizarnos para nuestra segunda vuelta.

El año pasado ganó un rápido trimarán -un equipo lo suficientemente preparado para competir- así que este año decidimos irnos por algo más grande. Nos pusimos en contacto con John Sangmeister y sus amigos de Tritium Racing, quienes son tripulantes de uno de los equipos de trimarán más grandes de la costa del pacífico. Son construidos para cruzar océanos y para romper récords. El Tritium es un ORMA60 de 73 pies, construido con la única intención de ganar este tipo de eventos.

Como sabemos, la R2AK no es cualquier simple evento para navegar, sin embargo el equipo asumió el reto con orgullo (y un toque de irreverencia). Inclusive, algunos meses antes de empezar el equipo tuvo que correr para lograr llegar a la meta, los daños durante un entrenamiento en Marzo retrasaron nuestro entrenamiento, ya que debimos reparar el bote bajo una nube de carbón. Ryan, John y otros miembros del equipo, trabajaron horas incontables para instalar nuevos levantadores hidráulicos, que reemplazarían las partes destruidas. Luego de completar las reparaciones necesarias, prácticamente teníamos unos pocos días (y algunas tantas millas) para llegar a la línea de salida en Port Townsend.

Justo al empezar el viaje, saliendo de Long Beach, los chicos se enfrentaron a un clima difícil. Treinta nudos y un océano rebelde se avecinaba. Navegando arduamente en la segunda noche, pasó lo inevitable. un soporte estático para el bauprés de 17’ falló, cayendo al agua a full velocidad. El espíritu de todos se fue a los pies ya que dañaba nuestro equipo más allá de cualquier línea de reparación posible.

Mientras regresábamos, cojeando y desmotivados de regreso a Long Beach, un amigo en la comunidad marina salió al rescate con una oferta increíble para el equipo. ¡Que sacaramos su bote para competir! Aunque era solo un Tritium pequeño, Taniwha es un cohete de carbón del mismo tipo; dado el pequeño tamaño de nuestro nuevo navío, podíamos transportarlo hacia la costa, justo a tiempo para empezar la carrera.

Siempre ten un Plan B; el Taniwha fue algo arriesgado y un cuarto del tamaño de Tritium, pero era justo lo que necesitábamos para hacer el trabajo.

Reanimados y de vuelta en el juego, nuestro equipo llegó a Port Townsend y empezamos a trabajar. Familiarizándonos, midiendonos ante un nuevo sistema de navegación, probando (y dominado) en unos pocos, pero extenuantes, días. Mientras nos íbamos preparando para la competencia, con conseguimos con unos buques que parecían algo sacado de la película Mad Max.

El entusiasmo que rodea una carrera como esta es poco conocido en este deporte. Días antes de empezar la R2AK, el puerto en Port Twonsend se transforma en una villa de competencia, repleto de invenciones marítimas llenas de innovación y toques de locura. Cuando llegamos, escuchamos de un competidor que planeaba impulsarse asimismo a través de unas 750 millas en Paddleboard, enganchado a unos cuantos kilos de equipamiento. Ver a este competidor hablar casualmente y comparar su equipo e indumentaria, resume un poco la locura que se vive en esta carrera.

Las 5:00 am de la carrera llegaron rápido y seguro; último toques de logística y organización (junto a un embudo para entrar a la bahía, retrasaron un poco el inicio mientras nos aventuramos en nuestro cohete naranja. Uno de los competidores más rudos fue el equipo MAD Dog (perro logo), quienes tenían un M32 (uno de los botes más rápido de la competencia), empezaron la carrera hacia el oeste hacia Victoria, BC, a unas 40 millas de distancia.

Poco después, fuimos detrás de ellos seguidos por botes y helicópteros que monitoreaban los alrededores. Nuestro equipo estuvo acompañado por dos amigos de Sperry, quienes estuvieron equipados con cámaras y equipamiento para documentar nuestra aventura, todo esto mientras íbamos a una velocidad de contra viento de entre 15 y 20 nudos.

El tri que tomamos prestado fue nuevo para muchos de nosotros, pero iba magníficamente rápido. Rápidamente habíamos logrado posicionarnos como líderes de la manada y optamos por una línea corta al sur de las islas San Juan. Adentrándonos más y más hacia El Estrecho, y cada vez más lejos de la brisa fulminante cerca de la costa, nuestra velocidad bajó dramáticamente. La propulsión humana es efectiva para los kayak y otro tipo de equipos operados por hombres, sin embargo no podíamos mantenernos al mismo nivel de todos estos sistemas creados exclusivamente para el R2AK sin un poco de ayuda de las brisas de la madre naturaleza. Cada pequeña brisa nos impulsaba un poco más, permitiéndonos posicionarnos por encima de nuestros competidores más pequeños.

La Carrera hacia Alaska es un recorrido fenomenal, rodeado de cascadas y montañas interminables, la vida salvaje es increíble. A lo largo de un periodo lento de navegación, nos encontramos ante un grupo de marsopas y con una manada de orcas salvajes. Claramente, después de esto la lentitud de este viaje no fue para nada desagradable, dado lo asombroso de nuestros alrededores. Fue la última milla ya casi llegando a Victoria Harbor en donde todo se tornó un poco complicado.

Un canal apretado abre el camino hacia Victoria Harbos, la mitad del mismo es una pista activa para aterrizaje de vuelos aéreos, dejándonos poco espacio para respirar. La prohibición para navegar de ese lado puede ser lo que impulsó la regla de ‘solo propulsión humana’ y es lo que se convierte ahora en nuestra debilidad en nuestra hora 11 de competencia. El Taniwha fue construido para sobrellevar tormentas, pero en Victoria Harbor estábamos avanzando hacia la llegada; en este momento estaba increíblemente agradecido de no haber atravesado este segmento con el maxi trimaran.

A mediados de mañana, tocamos el timbre de llegada al campamento en Victoria. Los equipos se alistaban para estos tres días de potenciar, recargar y calmar los últimos minutos de pánico antes de las últimas 710 millas más arduas. Incluso, luego de los retos a los que nos enfrentamos en la primera vuelta, como equipo estamos confiados en nuestro yate y en trabajo a lo largo del resto del periodo en el arduo clima de Johnstone.

Al principio de la siguiente vuelta, vivimos el peor clima imaginable… NADA de viento por lo que nada de navegación se empezó a convertir en una posibilidad. El reporte climático junto a los softwares marítimos determinaron que nos estaríamos enfrentando 8 días de carrera con 80 horas de propulsión humana. Por lo que la carrera a Alaska podría cambiar en un instante.

Entendiendo el reto que se nos presentó nos determinamos a terminar lo que empezamos, a pesar de que las estadísticas estaban en nuestra contra de nuevo. El domingo a medio día arrancamos en un esfuerzo grupal con la intención de completar la carrera entre miles de competidores alineados en Victoria, todos listos para que sus botes arrancaras y empezar el remo en agua abierta.

Cualquier ventaja que pudo haber tenido cualquier nave, se desvaneció ante los millas de navegación y corrientes. Juntos, los competidores partes y se adentran hacia lo desconocido, cada equipo cae en una larga lista de retos.

Para nosotros en Tritium, el ánimo estuvo tranquilo ya que las nubes nos obligaron a bajar el ritmo.

A diferencia del año pasado, en donde mi hermano y yo éramos los únicos miembros a bordo del FreeBurd, el equipo de este año estaba conformado por un distintos marineros experimentados con familias, dinámicas, trabajos y compromisos reales que no les permitían extender por mucho tiempo esta aventura.

Como un equipo de corredores competitivos, es difícil enterrar el sentimiento de derrota, más allá de los factores que escapaban de nuestras manos. A pesar de lo extenuante de estas semanas y los grandes esfuerzos para reparar el maxi tri, las distintas circunstancias nos tenían agotados. Nuestro esfuerzo fallido revela tanto la belleza como lo drenante de navegar- vivimos para lo que decida la madre naturaleza. Inclusive, tras entrenar, prácticas de esfuerzo en equipo, experiencia y las herramientas necesarias para nuestra aventura, sencillamente no pudimos contra la naturaleza.

Regresamos al sur de los Estados Unidos y animados a los otros equipos mientras se embarcan en las aventuras que les esperaban a lo largo de su camino. Escribiendo esto, casi 15 días luego de empezar, dieciséis equipos han cruzado la meta con historias increíbles sobre su odia en alta mar; mientras que otra docena de equipos están ahí afuera aún sin darse por vencidos.

Para los marinos y aventureros, esta carrera captura la imaginación como ningún otro evento acuático existente y no puedo invitarlos lo suficiente a retarse a sí mismos en el mismo estilo. Puede que no establezcas un récord de 750 millas en una carrera de este tipo, pero vas a tener una oportunidad de retarte y salirte de tu zona de confort. Nuestros amigos de Sperry han reforzado la creencia que las odiseas nos esperan en cada vuelta. Escoge embarcarte en una aventura arriesgada y regresa con una increíble historia para contar; sin importar el resultado las aventuras y las lecciones aprendidas en el camino te van a cambiar.

Y para lo que depara nuestro futuro, las ideas ya están formándose para el próximo evento. ¿A lo mejor el próximo año vamos a entrenarnos para romper un récord? No importa lo que decidamos, el deseo de aventura es intenso y el conteo empezó, necesitamos impulsar nuestros límites y hacer lo que parezca imposible.